Con un 0,4% menos, la población activa desciende por primera vez en 30 años
El descenso de la población económicamente activa es resultado de los efectos "desaliento", "retorno" y "salida". En el próximo trimestre este descenso se estancarà (subida interanual de 17.000 personas, que equivale apenas a un 0,1%).

Adecco, líder mundial en la gestión de Recursos Humanos, presenta los resultados del Indicador Laboral de Comunidades Autónomas Adecco (ILCA) para el cuarto trimestre de 2009 y las previsiones para el segundo trimestre de 2010.
Este indicador, de periodicidad trimestral, elaborado por investigadores del IESE-IRCO, compara la situación de los mercados laborales de siete Comunidades Autónomas españolas utilizando cuatro variables: ocupación, que mide la creación de puestos de trabajo en relación con las necesidades de la economía en su conjunto; adaptabilidad del mercado a las variaciones de la oferta y la demanda y a otros cambios en el entorno micro o macroeconómico; apertura a los grupos de trabajadores considerados vulnerables (mujeres, jóvenes, etc.), y rendimiento, la relación entre las variaciones del salario real y la productividad, intentando anticipar la sostenibilidad de las tendencias del salario y el empleo.
Evolución del mercado laboral
El ILCA para el conjunto de España ha seguido una senda descendente. Los 68 puntos registrados suponen un retroceso interanual de un 6%, el quinto consecutivo.
El empleo continúa en contracción, las diferentes tasas de paro siguen subiendo, todas las autonomías analizadas tienen a más de una tercera parte de sus parados en tal situación desde hace más de 12 meses y el número de personas activas ha decrecido. Esto ocurre por dos motivos, por un lado, una parte de quienes pierden su empleo no inicia la búsqueda de otro y, por otro, personas que desearían trabajar no comienzan a buscar empleo. Tales comportamientos pasan a ser comprensibles por el desánimo y las malas expectativas en el contexto actual.
Para ser más precisos, el “efecto desánimo” coexiste con otros dos movimientos, aún poco visibles pero ya en marcha: inmigrantes que retornan a sus países (“efecto retorno”) y españoles que deciden probar suerte en el mercado laboral de otros países de la UE (“efecto salida”).
A pesar de ello, dos elementos amortiguan el deterioro del ILCA. Uno es la productividad del trabajo que continúa acelerando su paso. En los últimos doce meses, el valor producido por cada ocupado ha aumentado un 3%, el ritmo más elevado desde 1994. El crecimiento del salario real, que tras un breve paréntesis ha vuelto a exceder el de la productividad, reduce el provecho que esa recuperación podría tener sobre el mercado laboral.
El segundo factor favorable es el paulatino ascenso del porcentaje de ocupados a tiempo parcial. Con un 13,3%, esta variable marcó el máximo en al menos 15 años. Aunque, en parte, se trate de un incremento indeseado (algunos ocupados aceptan una reducción de horas para no perder su empleo), es probable que incida favorablemente en la percepción que existe sobre este tipo de empleos.
Por segundo trimestre consecutivo, las siete comunidades autónomas consideradas han reducido sus respectivos ILCA.
Las comunidades de Madrid (un 12,5% menos), Galicia (bajada de un 11,8%) y Aragón (descenso de un 10,2%) han mostrado los descensos interanuales más acusados. Aunque más levemente, el ILCA andaluz también se ha contraído en mayor medida que el promedio español (un 6,7% menos). Por el contrario, el País Vasco (descenso de un 2%), Valencia (bajada de un 3,9%) y Cataluña (caída de un 5,7%) han mostrado recortes en sus respectivas puntuaciones más moderadas que el promedio nacional.
Creación de empleo
El hecho sobresaliente que muestran los datos del trimestre analizado es el descenso de la población económicamente activa, algo que no había ocurrido en las tres décadas anteriores. La conjunción de los efectos “desaliento”, “retorno” y “salida”, dan sentido a esta situación.
Durante los últimos tres años, la población económicamente activa creció a un ritmo promedio de 580.000 personas cada doce meses. Si bien se trataba de una marcha rápida, tampoco era exagerada: en el quinquenio 2002-2006 ese crecimiento fue de casi 700.000 personas cada doce meses.
Si comparamos esos incrementos con el descenso de 92.300 personas activas ocurrido en los últimos doce meses (descenso de un 0,4%), tendremos una noción de la profundidad del deterioro del mercado de trabajo español.
Al mismo tiempo, por cuarto trimestre consecutivo, el número de puestos de trabajo perdidos ha superado el millón. Concretamente, en esta ocasión la caída ha alcanzado a 1.210.900 ocupados (descenso de un 6,1%), con lo que suman ya seis los trimestres consecutivos de destrucción de empleo.
Desde septiembre de 2007, momento de máxima ocupación, han perdido su empleo 1.864.700 personas, lo que equivale al 9% del total de ocupados de aquella fecha. Es decir que, hasta ahora, la crisis ha quitado el empleo a 1 de cada 11 personas ocupadas.
El número de parados ha crecido menos que el de personas que han perdido su empleo, ya que una parte de ellas se ha retirado del mercado de trabajo. El contingente de desempleados ha experimentado una subida interanual de 1.118.600 (ascenso de un 34,9%). El número de trimestres en que el incremento interanual de parados supera el millón es ya de cinco, pero son diez los trimestres consecutivos de aumentos del paro: dos años y medio.
Actualmente, la cifra de parados se sitúa en 4.326.500 de personas, un nuevo máximo histórico.
A pesar de esta cifra, de no haberse contraído la población activa, los desocupados sumarían 100.000 más, y hubieran alcanzado fácilmente la cifra de 5 millones si la población activa hubiese mantenido una evolución “normal”. Es por eso que la moderación en el incremento del grupo de parados no constituye un éxito, sino que es el resultado del desánimo en la población.
Por quinto trimestre consecutivo, las siete comunidades incluidas en este informe han destruido puestos de trabajo en la comparación interanual.
Lo más probable es que el número de ocupados continúe en declive aunque a un ritmo sensiblemente más moderado. La moderación, lejos de indicar una recuperación, será la consecuencia de que “ya no quedarán” empleos por destruir.
En junio próximo se contarán 287.400 ocupados menos que un año antes (descenso de un 1,5%), completándose dos años con pérdidas de empleo.
Presumiendo un estancamiento de la población activa (subida interanual de 17.000 personas, que equivale apenas a un 0,1%), el colectivo de parados ganará 304.400 nuevos integrantes (subida de un 7,4%). Así, marcará un nuevo pico, con 4.442.000 millones.
Las variaciones anteriores suponen repetir el nivel de empleo del final del año pasado. Aún así, la cantidad de ocupados será inferior en 237.000 a la registrada en junio de 2005 (algo más de un 1%). Esto conlleva que en cinco años la economía española no habrá sido capaz de crear ni un puesto de trabajo.
Tasa de desempleo
La tasa de desempleo del cuarto trimestre se alzó hasta el 18,8%, su mayor registro desde marzo de 1997. La cadena de incrementos interanuales consecutivos de esta variable ya abarca nueve trimestres.
Una vez más debe indicarse que la retracción de la población activa ha evitado un incremento aún más marcado de la proporción de parados. La confluencia de los ya señalados efectos “desaliento”, “retorno” y “salida” quita entre 0,4 y 2 puntos porcentuales a la tasa de desocupación.
Por sexto trimestre consecutivo, todas las autonomías estudiadas han incrementado sus respectivas tasas de desocupación.
Aún considerando un estancamiento en la población activa, lo más probable es que la tasa de paro sigua aumentando. Sin embargo, lo hará a un ritmo más lento, porque también la destrucción de puestos de trabajo será menos intensa.
En junio próximo, el porcentaje de personas activas sin empleo será de un 19,2%, con un incremento interanual de 1,3 puntos porcentuales.
De confirmarse esta previsión, desde junio de 2007 se habría acumulado un incremento en la tasa de paro de 11,3 puntos porcentuales.
Si la población económicamente activa volviera a expandirse de modo parecido a como lo hizo hasta marzo de 2009, la tasa de desocupación podría ser hasta 2 puntos porcentuales mayor a la cifra antes indicada.
Empleo por grupo de edad y tasa de paro juvenil
Por quinto trimestre consecutivo, se ha registrado un descenso interanual en el número de ocupados de ambos grupos de edad. En el caso de los menores de 25 años, se trata del 13º trimestre seguido (más de tres años) con caídas en el empleo.
El empleo juvenil continúa cayendo de modo más acelerado que el correspondiente a los adultos. En los últimos cuatro trimestres, el recorte interanual de puestos de trabajo ocupados por jóvenes ha sido de más de un 20%. Concretamente, a lo largo de los últimos doce meses se han perdido 819.900 empleos adultos (descenso de un 4,5%) y 391.000 ocupaciones juveniles (bajada de un 23,5%), lo que supone recortes algo menos profundos que los verificados en los dos trimestres previos. Según tales variaciones, 1 de cada 3 puestos de trabajo perdidos estaba ocupado por un menor de 25 años.
Desde septiembre de 2007 se han perdido 820.500 puestos de trabajo de jóvenes frente a 1.044.200 de adultos. Los menores de 25 años han perdido ya el 39% de las plazas que ocupaban, varias veces más que los adultos, que “sólo” han eliminado el 6%. O lo que es lo mismo: mientras los menores de 25 años se han quedado sin 2 de cada 5 empleos, los adultos han perdido poco más de 1 de cada 20 puestos.
Los 17.372.900 ocupados de 25 años y edad superior son tantos como los que trabajaban cuatro años antes. En el caso de los jóvenes, la situación es mucho más grave, aunque afectada también por cuestiones demográficas: el número de jóvenes ocupados (ahora 1.273.000) es el más bajo en al menos 40 años. La misma situación se repite en todas las Comunidades Autónomas analizadas.
Así, la tasa de paro de dicho grupo de edad ha escalado 9,9 puntos porcentuales en la comparación interanual. De ese modo alcanzó un 39,1%, la más elevada desde junio de 1996.
Nuestras previsiones anticipan una marcada moderación en el ritmo de destrucción de empleo para ambos grupos de edad. Sin embargo, la situación relativa de los jóvenes se agravará, ya que a ellos corresponde poco más de la mitad de los empleos que se perderán. Además, sumarán ya seis los trimestres consecutivos en que todas las autonomías observadas reducirán sus respectivas cantidades de ocupados en los dos grupos de edad.
En el segundo trimestre, el número de adultos ocupados sufrirá una disminución interanual de 125.500 personas (un 0,7% inferior) Por su parte, los menores de 25 años perderán 161.900 puestos de trabajo (descenso de un 11,7%). Con una cadena de 15 trimestres, los jóvenes estarán cerca de completar cuatro años seguidos de pérdida de empleo.
La tasa de paro juvenil, por lo tanto, extenderá su ascenso, aunque también a un paso más suave. Si bien su magnitud no variará demasiado respecto de sus valores presentes, no deja de chocar que esta variable pueda ubicarse por encima del 40%. Concretamente, se prevé que para el próximo mes de junio el 40,3% de los jóvenes activos esté sin empleo (incremento de 2,1 puntos porcentuales)